24.9.17

LA CALAVERA LIGERA

Tomás hizo un gesto con la mano vacilante hacia arriba, como si sostuviera en ella un pesado globo terráqueo o quizá la calavera ligera de Yorick, con el codo apoyado en la mesa. No sé por qué, noté condescendencia en ese gesto.
— No lo entiendes porque no lo puedes entender, Berta. Pero como no te toca, nada tiene de particular. La prueba de no está a tu alcance es que has equivocado el tiempo verbal, piensas en términos que no son. Has dicho que lo hagamos yacerá en el olvido o en el desconocimiento. Lo justo es decir que lo que hacemos yace ya en el olvido, en el mismo momento de hacerlo. Y desde luego en el desconocimiento. Como todo lo que haría el que no ha nacido, por ejemplo. Es algo así. Incluso antes de que lo hagamos, yace ya ahí. En realidad no hay diferencia entre el antes y el después. Cuando no se ha hecho no se ha hecho, y luego tampoco se ha hecho, de modo que todo está siempre como estaba antes y sigue exactamente igual. Ni siquiera el durante se ha hecho, o mejor dicho, no se hace. Admito que no es muy fácil de entender.-

:: Berta Isla de Javier Marías (2017).-

19.7.17

EL PASADO NO TIENE FONDO

El frío viento del sur ha barrido de Buenos Aires una masa de aire caliente y húmedo y ahora sopla fluidamente, y ulula, silba, hace tintinear y crujir las ventanas, lanza al aire los papeles y provoca en los cruces de las calles unas auténticas orgías de brujas invisibles. Este viento seudootoñal también me arrastra a mí y se precipita conmigo –pero siempre hacia el pasado–; tiene el privilegio de evocar en mí el pasado y a veces durante horas enteras me dejo llevar por él sentado sobre un banco de cualquier lugar. Allí, entre las ráfagas de viento, trato de conseguir lo inalcanzable y, sin embargo, tan deseado: evocar el Witold Gombrowicz de las épocas irremediablemente pretéritas. He dedicado mucho tiempo a la reconstrucción de mi pasado, he establecido laboriosamente la cronología, he forzado la memoria hasta el límite buscándome a mí mismo como Proust, pero no hay nada que hacer, el pasado no tiene fondo y Proust miente, no, no hay nada que hacer, nada absolutamente... Pero el viento del sur, provocando quién sabe qué trastornos en el organismo, produce en mí un estado de anhelo casi amoroso en medio del cual vago desesperadamente con un rictus en los labios e intento despertar en mí, aunque sólo sea por un instante, mi existencia pasada.-

:: Diario (1953-1969) de Witold Gombrowicz.-