26.1.14

FLORES QUE SEAN SILLAS


IV

!Habla, no de los pampas primaverales 
negros por las tremendas revueltas, 
sino de los tabacales, de los algodoneros! 

¡Habla de las exóticas cosechas!
Di, frente blanca curtida por Febo, 
cuántos dólares se asigna de renta 
Pedro Velázquez, de la Habana; 
cágate en el mar de Sorrento

Adonde van los Cisnes a millares 
¡Que tus estrofas sirvan de reclamo 
para el desbrozo de los mangles 
hurgados por las hidras y las cuchillas!

¡Sumerge tu cuarteto en los bosques sangrantes
 y propón nuevamente a los hombres 
diversos temas sobre azucares blancos, 
pectorarios y gomas!

¡Sepamos por ti si la rubicundez 
de los Picos nevados, en los Trópicos, 
surge a causa de insectos ponedores 
o de líquenes microscópicos!

¡Encuentra, oh Cazador, así lo deseamos, 
algunas granzas perfumadas 
que la Naturaleza haga germinar 
vueltas pantalones para nuestros ejércitos!

¡Encuentra, en las lindes del Bosque durmiente, 
las Flores, semejantes a hocicos, 
que babean pomadas de oro 
en las melenas oscuras de los Búfalos!

¡Encuentra, en los prados locos donde el Azul 
tiembla la plata de las pubescencias, 
cálices llenos de Huevos de fuego 
que se cuezan entre las esencias!

¡Encuentra Cardos algodonosos 
con los que diez asnos de ojos de brasas 
se pongan a hilar nudos! 
¡Encuentra Flores que sean sillas!

Si, encuentra en el corazón de los negros filones, 
flores que sean casi piedras –¡excelentes!–, 
¡que en sus duros ovarios rubios tengan amígdalas gemosas!

¡Sírvenos, oh farsante, tú que puedes, 
en una fuente de esplendida corladura, 
guisos de Lis almibarado 
que roan nuestras cucharas Alfénide!

:: Lo que se dice al poeta a propósito de las flores, de Arthur Rimbaud (1871).-
:: Retrato de Fernand Léger.-

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