5.12.13

CIERTA RELACIÓN SECRETA CON EL SOL


“Si camina en la dirección que le indico con el bastón, llegará a un valle, en el que podrá andar de un lado a otro durante horas, sin el menor miedo”, dijo. “No debe tener miedo de que lo descubran. No le puede pasar nada: todo está completamente muerto. No hay tesoros en el subsuelo, ni cereales, nada. Encontrará algunas huellas de esta época o de aquélla, piedras, pedazos de muro, signos, de qué, no lo sabe nadie. Cierta relación secreta con el sol. Troncos de abedul. Una iglesia en ruinas. Esqueletos. Huellas de animales salvajes que han penetrado allí. Cuatro o cinco días de soledad, de silencio”, dijo. “La Naturaleza totalmente imperturbada por el hombre. Cascadas aisladas. Es como pasearse por un milenio digno de los antecesores del hombre”.
La noche cae aquí muy súbitamente, como un trueno. Como si, obedeciendo una orden, bajara un gigantesco telón de acero, separando una mitad del mundo de la otra, totalmente. Sea como fuere: la noche cae entre un paso y otro. Los colores, desesperadamente apagados, se diluyen. Todo se apaga. No hay transición. Que en la oscuridad no haga más frío se debe al föhn. Una atmósfera que costriñe al menos los músculos cardíacos, si es que no los paraliza. Los hospitales podrían decir muchas cosas de esas corrientes de aire: pacientes a los que se creía curados, a los que se había atiborrado de ciencia médica hasta el exceso, hasta que había esperanza otra vez, pierden el conocimiento y no pueden ser devueltos ya a la vida por ninguna teoría humana, por habilidosamente que se les aplique. Influencias atmosféricas que favorecen las embolias. Misteriosas formaciones de nubes, en algún lugar muy lejano. Los perros corren sin sentido por calles y patios, y atacan también a las personas. Los ríos respiran el olor de la descomposición a lo largo de todo su curso. Las montañas son estructuras cerebrales, contra las que se puede tropezar, de día son supervisibles, de noche no se pueden ver en absoluto. Los extraños se hablan de pronto en las encrucijadas, se hacen preguntas, se dan respuestas por las que nadie había preguntado. Como si, en ese instante, todo fuera fraterno: lo feo se atreve a acercarse a lo hermoso, y a la inversa, lo despiadado a lo débil. Gotean campanadas sobre el cementerio y los escalones de los tejados. La muerte se introduce hábilmente en la vida. Inesperadamente, también los niños caen en estados de debilidad. No gritan, pero se precipitan bajo un tren de viajeros. En los mesones y en las estaciones de ferrocarril, cerca de las cascadas, se establecen relaciones que no duran ni un instante, se hacen amistades que ni siquiera se manifiestan; se atormenta con el tuteo hasta llegar al deseo homicida y luego se le ahoga rápidamente con alguna pequeña bajeza. 
Weng se encuentra en una fosa, enterrado por gigantescos bloques de hielo de millones de años. Las márgenes de los caminos inducen a la lujuria.

:: Frost [Helada] de Thomas Bernhard (1964).-
:: Obra de Julio Le Parc.-

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