15.9.13

UNA CANCIÓN DE AQUELLO QUE ESTÁ CERCA

La violencia se siente irreal
por un breve instante.-



Yo, Edvard Grieg, me movía como un hombre libre entre hombres, 
bromeaba habitualmente, leía los periódicos, viajaba y marchaba.
Yo dirigía la orquesta.
El auditorio con sus lámparas temblaba de triunfo como balsa del ferrocarril
en el momento de atracar.

Me transporté hasta aquí para ser corneado por el silencio.
Mi cabaña de trabajo es pequeña.
El piano de cola está aquí tan apretado como la golondrina
bajo la teja.

En general, los bellos acantilados a pique callan.
No hay ningún pasaje
pero hay una compuerta que a veces se abre
y una peculiar luz que mana directamente del duende.

¡Disminuir!

Y los golpes de martillo en la montaña llegaron
llegaron
llegaron
llegaron una noche de primavera a nuestra habitación 
disfrazados de latidos de corazón.

El año anterior a mi muerte, enviaré cuatro salmos para rastrear
a Dios.
Pero eso empieza aquí.
Una canción de aquello que está cerca.

Lo que está cerca.

Campos de batalla dentro de nosotros 
donde los Huesos de los Muertos 
luchan para volverse vivos.-

:: Un artista en el norte de Tomas Tranströmer (1966).-
:: Ilustración de Clifford Harper/agraphia.co.uk

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