20.9.13

EL HAMBRE DE PAPEL


Carpetas, cajones, canastas, carteras, calajes, cantoneras. Trozos, trozos, trozos, trozos, trozos. Primero blancos, luego negros. Por en medio de la rejilla se ve la ceniza: plata caucasiana con matices negros.
Tomó las hojas consumidas
Y las miró extrañada,
Así miran las ánimas
El cuerpo abandonado*.
El cuerpo del escritor son sus manuscritos. Arden años de trabajo. Aquella sólo quema las cartas —un corazón ajeno que se ha enfriado, nosotros — los manuscritos, dieciocho años de trabajo de nuestras manos — ¡eso quemamos!
Pero no sé si debido a mi educación alemana, o a la soviética, lo que no consigo quemar es el papel en blanco. Para que otro pueda entenderme, basta con que el otro se imagine que ese papelito es dinero. Y regalo el papel en blanco con la misma mala gana que otros — el dinero. Es como si no estuviera regalando un cuaderno, sino todo lo que en él podría haber sido escrito. Es como si no estuviera regalando un cuaderno vacío, sino lanzando al fuego — ¡uno lleno! Como si precisamente de ese cuaderno dependiera algo que ya nunca podrá existir. “¡Toma dinero, ve y cómprate uno, pero no toques el mío!” — con este estribillo creció mi hija y crece ahora mi hijo. Por otro lado, el hambre de papel en blanco que hay en mí es pre-germana y pre-soviética: toda mi infancia, preescolar, anterior a los siete años, toda mi primera infancia es un grito continuo por papel en blanco.-
* Del poema “Estaba sentada en el suelo...” (1858) de Fiódor Tiútchev (1803-1873).
:: Una dedicatoria de Marina Tsvietáieva (póstumo de 1964).-
:: Winter Timber, Óleo de David Hockney (2009).-

1 comentario:

Damián Glanz dijo...

"Hambre de papel en blanco". Y de poesía.