28.7.13

HABLANDO DE LAS MOSCAS



El Presidente se pone de pie y, con un cuchillo, rompe la punta de su cascarón para tener menos calor, un poquito menos de calor.
Habla y el silencio es tal que se oye volar las moscas y se las oye tan nítidamente que no se oye la voz del Presidente, cosa lamentable ya que, precisamente, está hablando de las moscas y de su indiscutible utilidad en todos los dominios, en particular el dominio colonial.
«...Pues sin moscas, no hay cazamoscas, sin cazamoscas no hay dey de Argel, no hay cónsul... no hay afrenta que vengar, no hay olivares, no hay Argelia, no hay grandes calores, señores, y los grandes calores, como es sabido, son la salud de los viajeros...»
Pero cuando las moscas se aburren, mueren, y como todas esas historias del pasado, todas estas estadísticas las llenaban de profunda tristeza, empiezan por despegar una pata del techo, luego otra, y así caen como moscas en los platos... sobre las pecheras, muertas como dice la canción.
«La más noble conquista del hombre es el caballo», dice el Presidente... «Y si no quedara más que uno, ése sería yo.»
Estamos al final del discurso. Como una naranja pasada arrojada violentamente contra la pared por un chico maleducado, estalla La Marsellesa y todos los invitados, salpicados por la herrumbre de los cobres, se levantan congestionados, ebrios de historia de Francia y de borgoña.-

:: “Intento de descripción de una cena de máscaras en París, Francia” en Paroles de Jacques Prevért (1949).-

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