18.2.13

REPRESENTADO AL SOL



En efecto, gradualmente, llegó a recomponer un universo de terrores infantiles: el cielo, visto desde el rectángulo de la ventana, pareció pronto a descolgarse y abatirse sobre nuestras cabezas. El sol, ídem. Examinó el suelo y de pronto lo vio derretirse, hervir, o chorrear por debajo de sus pies como un pasar violeta. Los árboles cobraron vida, desprendiendo exhalaciones envenenadas. El mar comenzó a crecer, se comió la estrecha franja gris de la playa y luego subió, subió al asalto de la colina, para ahogarle, hacia él, neutralizarle, engullirle en sus olas sucias. Sintió nacer en alguna parte los monstruos fósiles, merodeando alrededor de la villa, en el chasquido de sus pies gigantescos. El miedo creció invenciblemente, no pudo detener imaginación ni furor: incluso los hombres se volvieron hostiles, bárbaros, sus miembros se cubrieron de lana, sus cabezas menguaron, y vinieron en filas apretadas, a través del campo, caníbales, cobardes o feroces. Las mariposas nocturnas se ensañaron con su cuerpo, lo mordieron con sus mandíbulas, lo envolvieron con el velo sedoso de sus alas velludas. De los pantanos surgió todo un pueblo  de caparazones, de parásitos o de camarones, de crustáceos bruscos, misteriosos, ávidos de arrancarle trozos de carne. Las playas fueron cubiertas de seres extraños que venían a esperar en ellas no se sabe qué, acompañados de sus crías; merodearon animales por las carreteras, gruñendo y gritando, curiosos animales de varios colores cuyas armaduras relucían bajo el sol. Todo se movió de pronto con una vida intensa, intestina, concentrada, pesada e incongruente como una fauna submarina. Poco a poco se fue acurrucando en su rincón, dispuesto a saltar, a defenderse, a la espera del asalto supremo que le haría víctima de aquellas criaturas. Volvió a coger el cuaderno amarillo de antes, miró un poco más el dibujo de la pared, el dibujo que una vez había representado al sol, y escribió a Michéle:

Mi querida Michéle,

:: Le procès-verbal [El atestado] de J. M. G. Le Clézio (1963).-

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