24.11.12

MUY LEJOS


Berzeiev ordenó:

—¡Cantad!

Y ellos cantaron. Pero se detuvieron nada más terminar la primera estrofa. Al cabo de una tímida pausa, una voz no menos temblorosa entonó el estribillo y esperó un buen rato hasta que los otros se le unieron. La melodía no lograba animar ya esos pies pesados, que se acercaban cada vez más al lugar de su exilio. El mismo exilio les salía al encuentro. Habían dejado detrás de ellos, muy lejos, el ferrocarril, los caballos, los coches y los hombres. El cielo se combaba sobre la tierra plana como una bóveda de plomo gris soldada en sus márgenes. Se hallaban encerrados bajo el cielo. En la cárcel sabían al menos que sobre los muros se arqueaba un cielo. Aquí, en cambio, la misma libertad era una cárcel. Aquel cielo de plomo no tenía rejas que permitiesen suponer otro cielo, esta vez de aire azul. La vastedad del espacio enclaustraba aún más que una celda.

:: Der stumme Prophet [El profeta mudo] de Joseph Roth (1929).- 


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