17.11.12

LA VOZ DE UNA ANCIANA



Hace tres años, antes de partir para Zúrich, llamé por teléfono a  Canetti, esperando que en aquellos días estuviera en casa y me fuera posible volver a verlo. Como nadie respondía, probé a llamar al número de su viejo apartamento de Londres, la ciudad en la que había vivido oscuro e ignorado durante tantos años -desde 1939, después de haber abandonado la Viena ocupada los nazis- y donde lo había conocido. La voz de una anciana señora inglesa, una vez oído mi nombre, me dijo amablemente que el señor Canetti vendría de inmediato y, en efecto, un instante después él se ponía al teléfono, cordial y afectuoso, y me decía que se había retirado a Londres por unas semanas, lejos de la familia, para terminar un libro -la autobiografía- y, sobre todo, para estar solo. Es más -añadió después de una pausa-, discúlpeme, ¿sabe?, yo mismo contesté al teléfono hace un momento, cuando usted pidió hablar conmigo.-

:: De Claudio Magris sobre Elias Canetti.-

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