17.7.12

SUPERFICIES NEGRAS



Sólo rara vez nos atrevíamos a acercarnos a la ventana y tirar de los postigos: mirábamos, desilusionados, nos parecía en el lamento de la tormenta, los manzanos irremisiblemente atrofiados, en medio de un paisaje de alta montaña, sordo de pura oscuridad y enigmas naturales y conmoción de la razón, según nos parecía, y curiosamente ruidoso y, como si fuera sólo en apariencia, poblado por seres humanos muy abajo, al final del manzanar, donde estaba el circo, espectral, inquietado en su extravagancia sólo en sus superficies negras y pardas y blancas, aquí y allá, y que sólo existía suburbanamente siempre en medio de hechos delictivos y provocaba el hastío... Lo que oíamos eran los claros coágulos de una química ininterrumpida, muerta de cansancio, lo que veíamos no era día y noche más que noche... una oscuridad rugiente, ensordecedora... Estábamos adiestrados de siempre y constantemente en la observación de todo lo que fracasaba, sin embargo, aquí en la torre, trastornados y gozando de la confianza de la Naturaleza entera, sentíamos de repente la sabiduría de la podredumbre... Sin distraernos de nosotros mismos más que por nosotros mis­mos, nos veíamos en Amras en nuestra relación fraternal hirviente y luego otra vez rígida... ha­ciéndonos una y otra vez la pregunta: por qué tenemos que seguir viviendo... y nos quedábamos siempre sin respuesta —ni un eco que nos ilu­minase jamás, ¡siempre ataques de retroceso como ataques cerebrales! —, desesperadamente dependientes el uno del otro en una soledad de dos cerebros que, de hora en hora, aunque, efec­tivamente, digna de seres humanos, se contraía cada vez más en nosotros y en torno a nosotros, incluso en los actos y funciones más lastimo­sos... aun después de transcurridos días, sema­nas, no nos atrevíamos a hablar los dos de la ca­tástrofe; nos manteníamos aún, animalmente juntos, en medio de toda clase de mistifi­caciones, sólo de lo orgánico... todo lo que había en nosotros fracasaba en posibilidades de pere­cer, en las energías naturales más profundas…

:: Amras de Thomas Bernhard (1963).-

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