25.5.12

GARGANTAS DE SIRENAS



El más triste sonido, el más dulce sonido,
el más loco sonido que se extiende,
lo hacen las aves en la primavera
en el final supremo de la noche.

En la línea que va de marzo a abril,
esa frontera mágica
tras la que se insinúa ya el verano,
casi muy cerca de lo celestial.

Y nos hace pensar en nuestros muertos,
que por aquí vagaban con nosotros
por el hechizo que hay en la distancia
ahora cruelmente más queridos.

Hace pensar en cuanto poseímos
y ahora deploramos.
Casi ansiamos que tales gargantas de sirenas
se vayan lejos y no canten más.

Un oído es capaz de hacer pedazos el corazón del hombre
con tanta rapidez como una lanza.
Ojalá que el oído no estuviera
tan peligrosamente cerca del corazón.-

                                                              * * *

The  saddest noise, the sweetest noise,/  The maddest noise that grows, —/ The birds, the make it in the spring,/ At night’s delicious close.// Between the March and April line—/ That magical frontier/ Beyond which summer hesitates,/ Almost too heavenly near.// It makes us think of all the dead/ That sauntered with us here,/ By separation’s sorcery/ Made cruelly more dear.// It makes us think of what we had,/ And what we now deplore./ We almost wish those siren throats/ Would go and sing no more.// An ear can break a human heart/ As quickly as a spear,/ We wish the ear had not a heart/ So dangerously near.-

::  1764. The  saddest noise, the sweetest noise de Emily Dickinson (póstumo).-
:: Detalle de Gustave Doré.-

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