7.5.12

DEL VACÍO REVELADO

A Demian por Updike



Los sonidos de la vida eran curiosamente leves y apagados, como si hubieran extraído una base resonante debajo de ellos, y transmitían a Clarence Wilmot lo que sospechaba desde hacía largo tiempo, que el universo era indiferente por completo a sus estados de ánimo y tan vacío de contenido divino como una tetera corroída. Todo su conte­nido metafísico había desaparecido, salvo la crueldad y la muerte, que sin la hipótesis de Dios dejaban de ser metafísicas y se convertían en meros hechos que, a su debido tiempo, el olvido borraría de forma inconsciente. El olvido aportaba un consuelo singular. El enigma de la predestinación, semejante a un despeñadero (¿cómo puede el hom­bre tener libre albedrío sin inmiscuirse en la libertad perfecta de Dios?; ¿cómo puede Dios condenar al hombre cuando todas las ac­ciones, de la alfa a la omega, son Suyas?), sencillamente se evaporaba. De un soplo quedaba eliminada una tensión inmensa debida a la ne­cesidad de encontrar justificación. Las habituales contorsiones menta­les del ex creyente se relajaban de un modo decisivo. Y, no obstante, las profundidades del vacío revelado eran pasmosas. Con el barrido purificador del ateísmo los seres humanos perdían todo valor especial. La desdicha de la que el caballo era inconsciente se correspondía con la del campesino; los helechos que una vez verdearon vigorosos, aplastados y fosilizados en estratos de carbón no eran más anónimos ni estaban más olvidados de lo que la vida de Clarence iba a serlo pronto, en un parpadeo del inmenso tiempo terrestre. Sin la bendi­ción bíblica, el universo físico se volvía meramente horrible y repug­nante. Todos los actos del cuerpo, y no sólo algunos, resultaban asquerosos. La realidad de los hombres que matan corderos y reses, peces y aves para sustentarse adquiría un aspecto de espantosa come­dia: el egoísmo empapado en sangre de una carnicería cósmica.

:: In the Beauty of the Lilies [La belleza de los lirios] de John Updike (1996).-
:: La chiesa del Giubileo, Roma de Richard Meier (2005).-

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