27.1.12

CARTAS A TODO

La pena, Señor, es una especie de pereza.-



Si estoy chalado, aún mejor, pensó Moses Herzog. Algunos lo creían chiflado, y durante algún tiempo él mismo había llegado a pensar que le faltaba un tornillo. Pero ahora, aunque seguía portándose de modo extraño, se sentía seguro de sí mismo, alegre, clarividente y fuerte. Había caído bajo una especie de hechizo y escribía cartas a todo bicho viviente. Estas cartas le apasionaban tanto que, desde fines de junio, iba por ahí con una valija llena de papeles. Había llevado esta valija de Nueva York a Martha’s Vineyard, pero regreso en seguida de allí, y dos días después fue en avión a Chicago, y desde Chicago a un pueblo del oeste de Massachussets. Escondido en el campo, escribió incesante y fanáticamente a los periódicos, a la gente que desempeñaba cargos públicos, a los amigos y parientes, después, a los muertos, sus propios muertos sin importancia y, por último, a los muertos famosos.

:: Herzog de Saul Bellow (1964).-
:: Fotografía de Alfred Eisenstaedt.-

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