22.12.11

LA VASTEDAD, QUE SE PIERDE



Con Pierre*, subimos al sexto local de una casa de la calle Monsieur-le-Prince, en busca de un local para nuestro cenáculo. Allí arriba hay una gran habitación, agrandada aún más por la ausencia de muebles. A la izquierda de la puerta, el techo desciende oblicuamente, como en las buhardillas. En el piso, una trampa da a un desván que se extiende todo a lo largo de la casa, bajo las tejas. Delante, una ventana en la cabe apoyarse y que permite ver, por encima de los tejados de la Facultad de Medicina, por encima del Barrio Latino, la vastedad, que se pierde de vista, de casas grises, el Sena y Notre-Dame a la puesta del sol y, muy a lo lejos, Montmartre, apenas visible en la bruma del anochecer.
Y los dos soñamos con la vida del estudiante pobre en una habitación así, sin más fortuna que la procura del trabajo libre. Y a sus pies, delante de su mesa, París. Encerrarse allí, con el sueño de su obra, y no salir de allí hasta que no esté terminada.
Es el grito de Rastignac dominando la ciudad, las alturas de Père Lachaise: “Y ahora… ¡tú y yo!”.-

 * Pierre Louis, dit Pierre Louÿs

:: Entrada primera,  Otoño, 1889, del Journal [Diario] de André Gide (1889-1849).-

No hay comentarios: