13.12.11

LA NARCOSIS

Todos los tiempos ahora.-



Negro
negro costea la extensión de mí
Se desliza como una nube de tinta
Nada dibuja
No bebe
Lleva su bóveda violeta
y deja entrar las flechas sordas de las palabras.
Hay que escuchar
Hay que estar vacío
escuchar los gritos estridentes que chirrían los colmillos de las fieras
los ¡Arrrhi! ¡Arrrh! ¡Aorrh!
Ladridos roncos que ruedan suavemente sobre ellos mismos.
Ladridos de sirenas.
Dulcemente.
Dulcemente.
Estoy disfrazado.
Los llevo en mí en un nervio.
Aquí está. Aquí está. Llega.

Lo que sé:
la tierra es plana:
y está ahuecada en toda su longitud
por una herida seca.
Inmóvil. El cielo inmóvil.
Piel impermeable de las mejillas.
Los olores de pez caminan muy bajo
El humo se despliega en forma de bóveda.
Adiós, todavía no adiós.
Aquí y allá, los papeles sucios se arrastran.
Los ruidos dicen: comprar, comer, vender.
Vender.
Lo que se llama la vida. Olvidar. Mercancía.
La vida no es delicada.
Arde como un absceso,
Tose, despelleja y escupe.
Las paredes son blancas, tal vez.
Por lo mismo golpean.
El hermoso pez con colores de medusa,
con colores de flores
con colores de frutas
el pez de luz y de perla,
¡ven,
penetra profundo
saja,
haz tu oficio de flecha!
No resisto.
La vida que babea, guerrero de circo,
llévame finalmente hacia los bordes de la narcosis
Y acúname el negro maternal.-

:: L’extase matérielle [El éxtasis material] de J.M.G. Le Clézio (1967).-

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