6.12.11

EL LINAJE DE LAS HOJAS



Demasiado son los libros buenos o malos o mediocres que salen cada día y que necesariamente hacen olvidar los del día antes, aunque sean excelentes. Todos los puestos de la inmortalidad en este campo están ya ocupados. Los clásicos antiguos, quiero decir, conservarán la que han adquirido o al menos cabe creer que no morirán tan pronto. Pero alcanzarla ahora, aumentar el número de los inmortales, ah, eso no creo que sea ya posible. La suerte de los libros hoy es como la de los insectos llamados efímeros (éphémerès): algunas especies viven pocas horas, algunas una noche, otras tres o cuatro días; pero siempre se trata de días. Nosotros somos verdaderamente hoy pasajeros y peregrinos en la tierra: verdaderamente caducos: seres de un día: por la mañana en flor, a la tarde marchitos o secos: sujetos también a sobrevivir nuestra propia fama y más longevos que la memoria de nosotros mismos. Hoy puede decirse con mayor verdad que nunca: οἵη περ φύλλων γενεὴ τοίη δὲ καὶ ἀνδρῶν* (Iliad. 6. v. 146). Porque no sólo a los literatos, sino a todas las profesiones les está ya vedada la inmortalidad en tan infinita multitud de hechos y vicisitudes humanos, después de que la civilización, la vida del hombre civilizado y el recuerdo de la historia ha abarcado toda la tierra.-

*Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres.

:: Zilbadone di Pensieri de Giacomo Leopardi (1827).-
:: L'Attente, pastel de Edgar Degas (1882).-

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