26.11.11

EL CUERPO TRANSPIRADO


Dolce e chiara è la notte e senza vento.-
La sera del dí di festa, 1826
G. LEOPARDI


Ahogándose en su pieza, sin lograr dormir entre esas cuatro paredes de solidez agobiante, el cuerpo transpirado por el colchón, que ardía como estufa a leña, la cabeza abombada, Tristán había salido a la puerta de la calle para respirar un poco de fresco. Y no había conseguido alivio hasta que, al mismo tiempo, había alzado los ojos por encima de las casas y repetido la frase, Dulce y clara es la noche, y sin viento… ¿Era él quien hablaba? Era él, era su voz, pero la frase venía de muy lejos, como si alguien se la dictara a través de inmensos espacios abiertos al sonido.  La noche había estado, noche cualquiera, sofocante, de pesadez casi brutal, y sólo ahora se le presentaba dulce y clara, y sin viento… Había padecido por la brisa esquiva y ahora sin viento congratulaba y consagraba la quietud. Así empezaban los poetas a escribir sus poemas, mirando el cielo estrellado y cambiándolo en palabras. Y las palabras transformaban en la noche, noche transfigurada. ¿Sería poeta? ¡Y sin saberlo! Dulce y clara en la noche, y sin viento

:: Después del día de fiesta de Griselda Gambaro (2005).-

No hay comentarios: