24.7.11

LA POCA CLARIDAD

Los ojos no tiene fronteras.-




Al principio hubo nubes y nubes, pesadas y negras, expulsadas por algunos vientos, detenidas en el horizonte por un cinturón de montañas. Todo se oscureció y los objetos se cubrieron de escamas regulares, parecidas a láminas de acero, cotas de malla, que desmenuzaban,  desperdiciaban, la poca claridad que aún quedaba. Otros objetos, fuentes de luz, pusieronsé a centellear débilmente, dolorosamente, abrumados por lo desmesurado de un suceso impreciso, pero próximo, caricaturizados por su propia comparación con esta especie de enemigo, contra el cual debían librar batalla. El movimiento se descompuso poco a poco; no porque disminuyera en intensidad o en modo, sino porque se agotaba, demorando el ataque de la helada total, del inmovilismo con carácter eterno, que ganaba, perpetuamente, que roía digiriendo el sol pulgada a pulgada, que se infiltraba en el seno de las animaciones, que rompía la armonía otro tiempo establecida en diferencias, que penetraba en el corazón de la materia y aniquilaba los orígenes mismos de la vida. Delicada, ligera como el papel,  la cualidad de sombra recubría los planos, creaba multiplicidad de halos,  aumentaba singularmente la potencia de la luz hasta el punto que un solo centelleo, salido de un vaso machado a lo largo de la acera, allí donde el camión-cisterna había  chocado, reflejaba algo así como cien años sobre un espacio cercano al infinito, con la violencia de unos tres soles.-

:: Le déluge [El diluvio] de J. M. G. Le Clézio (1966).-
:: Interior del museo MAXXI de Roma de Zaha Hadid.-

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