6.5.11

ARDER DETRÁS EL MUNDO


En mi mente martillean versos férreos, ajenos. Resuenan en mí como la primera vez. La belleza, que para Platón era reminiscencia, para mi indefenso y libre, no es más que actualidad. La misma música aliterada me estremece de nuevo, cada vez, con delicias flamantes. El café: una sombra en relación con su regusto, con esa pesadez perfumada que se irradia, sutil,  desde la punta de mi lengua, ahora. Lo que nos salva a nosotros los viejos, es ver arder detrás el mundo, depositado sobre un lecho de ceniza palpitante. Sobre ese colchón estoy parado completando mi propia sombra que encoge lentamente en la mañana.
Que otros gocen hoy de la maravilla del nacimiento  y del sabor de la primera entrega perfumada del mundo, o de una muchedumbre de fiestas nocturnas. El sol de los ciegos es más que la noche y el nacimiento más perfecto es la muerte. Mi luz es única. No la puedo cambiar. Y el humo de mi cigarrillo es más sólido y más azul que un ramo de ciudades.

:: "El poeta septuagenario", cuentos reunidos en La mayor  de Juan José Saer (1976).-
:: El jinete azul de Juan Pablo Renzi (1984).-

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