24.1.11

IRREALIDAD

A M. bondad, extranjería, irrealidad.


Cuasiestelar.
Repercute el viento las frondosas cumbres del despertar,
y agita la cebada sangrante, desde tu pleura hasta mi boca
como espuma fresca, recién cortada.
Nuestra desnudez transcrece, lo breve del sueño se despoja
y retrae tu pelo al instante mismo en que lo deja caer, negro.
Deseo despertar y que nada despierte. 
Es la atmósfera borrosa e irreal
la meseta en la que tu vientre me abriga,
la condición en la que sobre vos soy un baile somnoliento.
Un cardumen de lenguas y sonetos en parte.
El fin de la oscuridad es siempre su persistencia.
La cálida recepción que me cifra tu espalda astillada
me enrosco, me doblo, me duplico, beso, raspo, duelo…
Fijo el fondo, los ojos, descreo.
Te miro.
Tu risa durmiente es demasiado blanca, demasiado cómplice.
Tomo la vida eterna... tomo digo, el borde de tus labios para abrirlos.
Abrir… la boca y la lengua, y el paladar se vuelve despacio espacio,
la fórmula espacial del deseo y el campo insular la irrealidad.
Un río que pasa, una vida, un sueño desvelado,
y el sueño es irrealidad como la vida,
irreal como el río que pasa y dice ser la vida de un sueño.
Cuasiestelar.
La velocidad y la profundidad son antagonismo irresuelto.
Quiero danzar en la vertiente del corazón hasta que escarpe,
por ello lo hago, aprieto hasta que truena el último de tus gemidos
y esa lágrima deja de ser lágrima y se vuelve lluvia de verano.
Tempestad.
Rebalsa, derrumba, inunda, corroe, me arrastra.
Realmente ¿no sé qué pasa?, lo juro.
Siento que la eternidad se mantiene en sus límites,
me voy de mí e intento llevarte.
Lo es, es necesario irrealmente morir.
Posible sí, que el agua me mate cuando sueño que despiertas.
Cuasiestelar.

:: Imagen: To be or not to be. Is that the question? óleo de Martín Riwnyj (1999).-

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