21.12.10

LA PIEL AZULADA

Al deseo irreductible de una plena animalidad 


Naõ ter nascido bicho é
minha secreta nostalgia.
C. LISPECTOR

Estar encerrado en una fortaleza no ha sido nunca fácil. Una fortaleza de humedades frías, muros espesos, intrincados corredores y patios como sepulcros a los que no llegaba el sol.
Único habitante de semejante espacio los guardias no se podían contar porque no los veía, apenas si un movimiento, una agitación imaginada el aire cuando dejaban a mi alcance una comida sin sustento. No veía sus manos ni sus rostros. Menos densos que fantasmas estaban ahí sin embargo. Y lo había comprobado la única vez que había intentando huir a través de un desgarrón en la muralla cargada de hierba. No logré siquiera atravesarla. Un lazo invisible cayó con precisión tirándome hacia atrás, se ciño a mi cuello hasta asfixiarme. Con la piel azulada, los pulmones ardiendo, acepté el aviso, me quedé como muerto. Entonces el lazo se aflojó de mi garganta y la cuerda voló hacia arriba, posiblemente hacia el mismo lugar de donde había partido. Lo hubiera creído un sueño pero indelebles estaban los trazos de la cuerda en mi garganta y la terrible quemazón para desmentirlo.

:: “Caballo” en Los animales salvajes de Griselda Gambaro (2006).-
::  Detalle de London de Fernando Botero (2007).-

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