30.1.10

SINO UN ANIMAL


Mirábamos el agua crecida manando ante nosotros. Brotaba de golpe la montaña, expulsándose de sus costados maternales. No era un torrente que se exponía a su destino sino un animal inefable en cuya palabra y sustancia nos convertíamos. Nos mantenía enamorados sobre el arco todopoderoso de su imaginación. ¿Qué intervención hubiera podido constreñirnos? La modicidad cotidiana había desaparecido, la sangre vertida volvía a su calor. Adoptados por lo abierto, apomazados hasta lo invisible, éramos una victoria que no acabaría nunca.


:: “Los primeros instantes” de René Char, en El poema pulverizado (1945-47).-
:: Imagen: Rompeolas. San Sebastián, óleo de Joaquín Sorolla (1917).-

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