12.12.09

RAMAS DEL PARAÍSO



Y siguió: «Hace mucho tiempo que te fuiste, Susana. La luz era igual entonces que ahora, no tan bermeja; pero era la misma pobre luz sin lumbre, envuelta en el paño blanco de la neblina que hay ahora. Era el mismo momento. Yo aquí, junto a la puerta mirando cuando te ibas, siguiendo el camino del cielo; por donde el cielo comenzaba a abrirse en luces, alejándote, cada vez más desteñida entre las sombras de la tierra.
” Fue la última vez que te vi, pasaste rozando con tu cuerpo las ramas del paraíso que está en la vereda y llevaste con tu aire sus últimas hojas. Luego desapareciste. Te dije: “¡Regresa, Susana!”.»
Pedro Páramo siguió moviendo los labios, susurrando palabras. Después cerró la boca entreabrió los ojos, en los que se reflejó la débil claridad del amanecer.
Amanecía.


:: Pedro Páramo de Juan Rulfo (1955).
:: Imagen: Pedro Páramo VII, aguafuerte de José Hernández (1992).

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