11.12.07

CALMA... EXISTE LA TRAGEDIA


La dicha de enmudecer ha de ser posible solo tras tamaña manera de amar, hacerlo de todas formas y maneras.
No es en principio ni demasiado grande, ni duradera, acaso menos amplia y generosa de lo esperado. Pero resulta intensamente maravillosa, y se las ingenia para rebasar, desvencijar las palabras de orden, olvida las pausas y el enumerado.
De ver, como la sombra de uno y la del otro se desmejoran en la perspectiva, no paramos; y con la tenue mueca lasciva que se inflama en el viento desesperamos. Un pasado, un futuro y en presente, una vez más y volvemos a besar, a humedecer un pantano de lodo brillante, se seca y se cuece en una alforja la arcilla... esperando desfondarse y bañar de tonos el fondo, de la raíz a las puntas.
Aborrecemos la forma misma de la quietud, de la costumbre acostumbrada, el trajín mercantil sin sombra.
Un atardecer durable hace las veces y emula a las mañanas de gran sol, esa intensidad toda de un amanecer. Acaso no es la resistencia de la noche a dejar de ser y día tras día, el día mismo a poner tras de sí el mundo de las estrellas. La única estrella que reina.
La siesta parece ser eterna y nos vamos acostumbrando, respirar con dificultad, a ver y mirar bajo la misma luz. Tenue y acalorado. Todo en su justo punto? Esperan que esperemos en un tiempo vació como amores acostumbrados a la rutina, en la rutina la hiel como una vida en breve de una historia contemplada. Cuanta lentitud, cuanta calma.
La noche debe cumplir su cometido y, es el fin de la naturaleza de las cosas, y de su ciclo vital y, de su movimiento variando en cero. Existe la tragedia...

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