24.11.07

CALAR, MAR Y LUNA

Calar, se cruzan bien en lo alto los brazos y vuelta, girar desenfrenadamente disponiendo en sazón un punto tras del otro y, nuevamente sobre el trazado perpendicular del rojo pavimento.
Y Calar, los pliegues juntos falseándose al dorso del baile, y bien a lo largo cuerpos de formidable maña musical se extienden: mezclándose, no unívocos; tiñéndose del mismo perfume líquido librado a rebelarse; sonando fuera de la música, salidos de ella y poco a poco inquiriéndose con cada fin de pieza. Por fin expuestos y como, el tierno traqueteo de los ojos al mirar, piel germinada a versos, amañando labios las lenguas fuera tan cerca de consumirse no en un beso, mas en el recorrido disipado y resuelto del sexo, ese que se ingenia juntado esqueletos de baile, que ya importan; vaciando cada botella bebida en sus fondos, no inflama ya el alcohol rojo; los cabellos renunciado a explayarse en aire.
Y Calar, la piel, pero no en su superficie, por cada reflejo de luna caligrafía de lo que está por escribirse. Y el pavimento perpendicular y rojo allí dispuesto, sones extinguiéndose, los pliegues de vestido duermen, las luces aún brincando de una otra, aun circulando. Todo en su lugar y nada en orden, salirse y por fin tupir ciegamente los ojos. Aventar el primer gemido prestos a desbocar la fiesta en alucinación extremadamente líquida y desmedidamente húmeda de convertirse en el mar cuando invade la costa para luego retraerse.
Calar y retraerse, con el deseo de convertirse, al menos por un tiempo, en predicción de mar y luna, el tiempo… que resulte ineludible.