18.11.07

ACORDE DE FIN DE DÍA


Nos ocupamos del mar, de lo que él aborda el filo nuestros pies, en la forma misma de un… río sin orillas. Corroyendo el malecón pétreo se lo ve, retorcido y vuelto a componer en la riada, golpear agitado y, nuevamente ser profundidad plena. Asediada esta ciudad, por un horizonte plomizo sin un triste destino, la canción última es la noche, la noche misma cuando el horizonte va levando, abajo resta algo de sol y arriba el cielo, cada acorde de fin de día deja ver el urbanaje en sus restos, sus altos perfiles edificados, aristas iluminadas, la noche ha recomenzado a suceder, plena y uniforme, oscuramente iluminada por otro registro de la luz.

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