26.6.16

Y SÉ QUE ÉL NO

Un hombre toma un taxi
en la esquina de mi casa
a la 1 de la mañana
en medio de una lluvia que me protege
en esta ciudad ajena
¿va hacia un destino al que quisiera sumarme?
¿va a recoger la prensa del partido?
ya no hay partido ni prensa
¿va hacia una charla seductora con una muchacha confusa
entregada a lo peor de la poesía
los fastos y el falso misterio de los poetas
como lo fui yo durante una larga juventud?
tomo eternamente una copa
detrás de un vidrio
y sé que él no va hacia ninguno de los escenarios
que me permitieron vivir
pero quisiera pensar que he visto a alguien yendo hacia un destino.-

:: “Un hombre toma un taxi” en Si alguien tiene que ser después de Juana Bignozzi (2010).-

18.8.15

OSCURIDAD BLANCA

La inoculación de la angina con una fiebre que llegaba a los cuarenta grados, me metió en la cama. Vivía solo en una pequeña casa cerca del Calvario, en las afueras de la ciudad, y no recuerdo días más desesperados que los que acompañaron mi convalecencia. No había socorro. Sabía que no había socorro. Eran días de lluvia y de viento; por la ventana se veía la cima de la montaña desgarrada por las nubes o las nubes desgarradas por la cima. Un día fue especialmente terrible... llegó después de un aguacero que había durado la noche entera, casi no se parecía a un día, transformado en agua, frío, niebla, vientos y una oscuridad blanca, húmeda... veía todo el tiempo por la ventana un árbol que chorreaba, nebuloso, borroso, confuso y siempre chorreando, igual y aburrido... Ese día mi neurasténica desesperación alcanzó tal tensión que si hubiera tenido a mano algún medio para darme una muerte fácil quién sabe si no me habría liquidado. Sabía que la enfermedad quedaba atrás... pero sabía que mi salud era más horrible que la enfermedad. Alcancé un estado en el cual la salud es no menos repugnante —más repugnante todavía— porque reafirma una existencia especial ya contagiada con la muerte y condenada.

:: Diario argentino de Witold Gombrowicz (1968).-

10.10.14

INCLINARSE



La carne del sacramento es invisible carne y fantasmal 
sustancia,
Pienso yo.
Como cualquier cosa visible,
Siempre atraído hacia abajo, dispuesto a morir y ser 
asimilado.

Vasija de la vida, se dice, vasija de la vida hacia la nada, 
Luego reintegrada a lo visible.
Es eso, fragancia de primavera como lujuria en el huerto 
de estrellas florecidas,

El cuerpo sin cuerpo de la oscuridad comienza a trasminarse 
y emerge,
El mundo visto comienza a inclinarse,
Ahí donde permanezco, punto fijo e inquebrantable
bajo las olas del mundo.-

:: “Apologia pro vita sua” en Zodíaco negro de Charles Wright (1997).-

28.9.14

EN EL OSCURO CENTRO DE SU CUERPO

Toda plegaria es condena.-



El camino se sumergió en una hondonada. Cantaban abejas en los rastrojos y la hierba tenía un seco aroma de tierra adentro El hombre evocó recuerdos vividos y exactos. Quis viridi fontes induceret umbra: ¿Quién cubrirá la fuente con verde sombra?
[…]
Había aprendido a convivir con el dolor como se convive con un animal familiar pero traicionero. Lo imaginaba como un gato enorme que se afilaba las zarpas, arrastrándolas como fuego lento desde el hombro hasta el talón, para luego volver a agazaparse en el oscuro centro de su cuerpo. Lo habían apostado en el sector Yvebecques de la muralla del Canal de la Mancha como jefe de inteligencia militar. Era un puesto fácil, otorgado en deferencia a su afección. Mientras el dolor regresaba a su guarida, ese verso de Virgilio había cantado en sus contusos pensamientos. Con él se abrían las puertas de la memoria, y detrás de él dormitaban los verdosos tejados y los lentos canales del norte de Francia.
Más tarde ese año la bruma del Canal se había enrojecido en un tumulto salvaje. Pero durante el infierno que siguió, él llevó consigo el verso y la imagen de este lugar, una mano cerrada llena de silencio y agua, protegida del vendaval.

:: “No regreses jamás” en Anno Domini de Georges Steiner (1964).-

27.9.14

CON MI CARNE



La ciudad era un cementerio, y salvo las luces débiles de las esquinas, el resto estaba enterrado en la oscuridad. Cuando me puse a cruzar una esquina en diagonal, bajo la luz que dejaba ver las masas blanquecinas de la llovizna suspendidas en el aire, vi venir una figura humana en mi dirección. Fue emergiendo lentamente de la oscuridad, y al principio apareció borrosa por la llovizna, pero después fue haciéndose más nítida. Era un hombre joven, vestido con un impermeable que me resultó familiar. Era igual al mío. Venía tan derecho hacia mí que nos detuvimos a medio metro de distancia, exactamente bajo el foco de la esquina. Traté de no mirarle la cara, porque me pareció saber de antemano de quién se trataba. Por fin alcé la cabeza y clavé la mirada en su rostro. Vi mi propio rostro. Era tan idéntico a mí que dudé de estar yo mismo allí, frente a él, rodeando con mi carne y mis huesos el resplandor débil de la mirada que estaba clavando en él. Nunca nuestros círculos se habían mezclado tanto, y comprendí que no había temor de que él estuviese viviendo una vida que a mí me estaba prohibida, una vida más rica y más elevada. Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podía alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza.-

:: Cicatrices de Juan José Saer (1969).-
:: Café Concert de Juan Pablo Renzi (1985).-

1.9.14

DEVOLVER LA HORA


X

Cantad pues, oh pájaros, ¡cantad una canción jubilosa! 
¡Dejad brincar a los jóvenes corderos 
como si siguieran el ritmo del tambor!
¡Nosotros nos uniremos con el pensamiento a vuestra multitud, 
vosotros que tocáis la gaita y vosotros que jugáis, 
vosotros que a través de vuestros corazones a diario 
sentís el regocijo de mayo!
Aunque el resplandor que una vez fue tan luminoso 
sea ahora retirado para siempre de mi vista, 
aunque nada pueda devolver la hora
del esplendor en la hierba, 
de la gloria entre las flores;
no lloraremos, sino que encontraremos 
fuerza en lo que queda atrás; en la comprensión original
que al haber sido una vez debe permanecer para siempre; 
en los lenitivos pensamientos que se levantan 
del sufrimiento humano; en la fe que mira a través de la muerte, 
en los años que traen la mente filosófica.

:: Oda: Insinuaciones de inmortalidad en los recuerdo de temprana infancia, de William Wordsworth (1806-1806).-

5.8.14

LA DISTANCIA NEUTRAL


Virar hacia el este, salir de las ricas sombras industriales
y el tráfico, toda la noche hacia el norte; virar hacia campos
tan ralos, cardizales, que no son ni prados,
y de vez en cuando un apeadero de sonido gutural, que acoge
obreros al alba; virar hacia la soledad
de cielos y espantapájaros, almiares, liebres y faisanes,
y la lenta presencia del río, ensanchándose,
cúmulos dorados, el brillo del barro pisado de gaviotas,

aboca a la sorpresa de una gran ciudad:
aquí, donde se apiñan cúpulas y estatuas, agujas y grúas
junto a calles salpicadas de grano, un agua poblada de gabarras,
y habitantes de feas urbanizaciones, que en furtivos
trolebuses han recorrido millas y millas
y ahora empujan grandes cristaleras rumbo a sus deseos:
trajes baratos, cacharros rojos, zapatos de puntera, polos,
batidoras eléctricas, tostadoras, lavadoras, secadoras:

gentes de saldo, urbanas pero simples, a cuya morada 
solo llegan vendedores y parientes, encerradas 
en una escena bucólica que huele a pescado, de barcos 
que van calle arriba, el museo de los esclavos, tiendas 
de tatuajes, consulados, severas mujeres de pañuelo en la cabeza; 
y más allá de una periferia que se levanta hipotecada 
campos de trigo altos como setos, sombreados por nubes veloces,
pueblos aislados, donde las vidas retiradas

la soledad clarifica. Aquí el silencio se alza como el calor. 
Aquí se espesan hojas inadvertidas, 
florecen ocultas malezas, se apresuran aguas olvidadas,
asciende un aire poblado de luz; 
y tras la distancia neutral y azulada de las amapolas 
acaba la tierra de pronto más allá de una playa de formas y guijarros.
Aquí la existencia no tiene límites: 
mira al sol, reservada, inalcanzable.-

:: “Aquí”, en The Whitsun Weddings de Philip Larkin (1964).-